Salvar el alma
by manuelastur
En ocasiones escribo ensayos y artículos que sé son impublicables en cualquier revista. Pero no puedo ni quiero evitarlo. Son sinceros y me sirven como brújula en este mundo en el que cada vez resulta más fácil desorientarse y perderse.
Este es uno de ellos. Nadie ha querido publicarlo. Les gusta mucho, me felicitan, pero, qué curioso, nunca encaja con la linea editorial. Quizás sea una mierda pinchada en un palo, es posible, pero a mi me gusta y define muy bien mi filosofía artística y moral. Además, qué coño, todos los artistas que admiro son generosos incluso en sus errores. Juzgad vosotros.
Salud.
SALVAR EL ALMA
Una nueva Sensibilidad
En los años 20 del pasado siglo, un joven catalán recién llegado a estudiar a Madrid está en silencio, solo en su habitación en la Residencia de Estudiantes, pensando, con el semblante serio, delante de una hoja de papel y con una pluma en la mano. Parece que le cuesta expresar lo que quiere decir. De pronto sonríe, se pone de pie, se abre la bragueta del pantalón y empieza a masturbarse. Cuando termina escribe, encima de la mancha de esperma, “ya no te debo nada”. Dobla la hoja con cuidado, la mete en un sobre y se la envía a su padre, a Figueras. Este joven es Salvador Dalí.
Por esas fechas más o menos un jovencísimo y aún desconocido poeta llamado Luis Cernuda escribe en su cuaderno “detesto la realidad como detesto todo lo que ella encierra: mi familia, mi país, mis amigos”. En esos momento recorre las calles otro poeta, llamado Altoaguirre, de librería en librería, con un carrito de bebé en el que transporta los ejemplares de la revista “Litoral”, que él y otros artistas auto editan para dar a conocer sus nuevas ideas, y dos veinteañeros se presentan en los actos sociales con una tarjeta en la que puede leerse “Cesar Vallejo y Juan Larrea- Solicitan de usted, en caso de discrepancia con nuestra actitud, su más resuelta hostilidad”.
En el café de Pombo, Ramón Gómez de la Serna, organiza una cena en honor al Sr.Don Nadie y a ella asisten las más representativas personalidades de la cultura. En el ateneo de Madrid tiene lugar un concierto en el que los músicos son el público y se reparte entre el público los instrumentos de los músicos. Un grupo de chavales se dedica en la universidad a desenmascarar con empeño a los que ellos llaman “podridos” y otro planea robar los cuadros del museo del prado y venderlos en el rastro a precio de chatarra sin avisar de lo que venden…
Casos como estos se multiplican por el país. ¿Qué está pasando?¿Se ha vuelto loca la juventud española? El propio Dali nos contesta: “la única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco”. No, sin duda no es locura; es el nacimiento de la “nueva sensibilidad”.
Esta llamada “nueva sensibilidad” no encerraba, aunque pueda parecerlo a primera vista, una rotunda negativa artística, sino todo lo contrario. Su propósito era realizar nuevos experimentos, instaurando un orden nuevo de categorías para la sensibilidad que nacía en aquel tiempo, en la cual no valieran ni los juicios no los prejuicios del pasado. Querían acabar con todas las anteriores sensibilidades, las de sus padres y sus abuelos, con el concepto del honor, de las clases sociales, el deber, la nobleza del alma, la honra, con todas esas ideas que, con el estallido de la 1ª Guerra Mundial, en su opinión, habían demostrado ser totalmente equivocadas. Por eso inicialmente todos esos jóvenes vanguardistas españoles adoptaron una posición negativa, destructora y escéptica, ya que toda iniciativa reformadora, para ser fecunda, ha de comenzar por la duda sistemática, destruyendo la atención de caducos conceptos y, produciendo así, ese “vacío espiritual” tan necesario para el florecimiento de nuevas ideas.
Antecedentes
Pero parémonos un poco y veamos de dónde surge esta joven generación de artistas, busquemos las razones de su negación y por qué razón España se abre a los cuatro vientos y habla con voz propia y reconocible dentro de las corrientes artísticas del mundo por primera y última vez desde el S.XVIII.
La neutralidad de España durante la 1ª Guerra Mundial tiene efectos marcados a nivel social. Por un lado los ricos se enriquecen gracias a la exportación a los países beligerantes y por otro los pobres se empobrecen todavía más debido a la subida de los precios, acrecentándose muchísimo la ya de por sí marcada diferencia de clases y, por tanto, el malestar del pueblo.
También es esta época la del despegue industrial de España y las grandes capitales crecen en número de habitantes de un modo hasta entonces inimaginable. Madrid crece especialmente y en menos de una década pasa de 200.000 a 1.000.000 de habitantes.
Estos dos factores permiten que surjan muchísimas revistas y periódicos, así como montones de ateneos y universidades populares. Y, sobre todo, la situación privilegiada de España permite a nuestros artistas contemplar los horrores de la guerra y replantearse todas las ideas que hasta entonces daban como válidas.
En Madrid confluyen tres personalidades de importancia capital para el posterior desarrollo del arte en España: Juan Ramón Jiménez , José Ortega y Gasset y Ramón Gómez de la Serna. Aparte se funda también la de sobra conocida Residencia de Estudiantes, institución laica pionera en España y heredera de las ideas de la institución de libre enseñanza que trae a dar conferencias a grandes artistas extranjeros y a otros más desconocidos que pasarán a la historia como André Bretón.
Responsabilidad histórica
Todo esto permite que surja una nueva generación de jóvenes muy cultos y preparados, hijos de esos ricos aún más ricos gracias a la guerra, y , a la vez, hastiados, cansados y conscientes de lo equivocado de la anterior sensibilidad de sus padres.
Estos jóvenes se caracterizarán por un gran sentido de la responsabilidad histórica. Si ellos, por designios del destino, son ricos, pueden dedicarse plenamente al arte y deben ser conscientes de su gran suerte y, por lo tanto, responsabilidad. Tendrán todos inicialmente, como ya he dicho, una actitud combativa y deseosa de acabar con todo lo anterior para instaurar un nuevo modo de pensar menos propenso al derramamiento de sangre y todas las estupideces humanas. Asimismo la guerra les mostró claramente que la muerte nos acecha a todos y que nadie nos puede asegurar que mañana otro conflicto nos matará a todos, así que hay que vivir el presente en toda su grandeza e intensidad. Que hay que hacer algo y hay que hacerlo ya, hay que vivir el arte, hay que “ser arte” para cambiar al hombre. Ya no buscan cambiar la sociedad, buscan cambiar al “individuo”. Y si el pueblo llano, de momento, no entiende el nuevo arte es porque aún cargan a sus espaldas el yugo de lo anterior y no tienen la nueva sensibilidad, pero ya lo entenderán. Como dice durante esa época Juán José Domechina: “un arte para todos, actualmente, sería algo así como una puta enajenada”
Suicidio del alma
El alma, tal y como la entendemos todavía hoy en día, como un espacio espiritual laico y sólo accesible a los seres humanos “elevados”, es un concepto, entre muchísimos otros, que hemos heredado del romanticismo, movimiento y modo de vida espiritual creado a principios del S.XVIII a la medida de una burguesía cada vez más poderosa y deseosa de diferenciarse de la patética, superficial y ociosa aristocracia a la que ellos nunca podrían, por nacimiento, pertenecer. Si la nobleza, la aristocracia, había sido elegida por Dios en persona desde la cuna ellos rechazarían a Dios y se buscarían su propio espacio, la diferencia, que estaría en su interior. El hombre era en si mismo Dios y, mediante el cultivo del alma, de los sentimientos, del arte y de la cultura, podrían alejarse de este mundo vulgar y superficial.
Por increíble que pueda parecernos, hasta la llegada del romanticismo, la música era concebida como un ejercicio técnico entretenido y sin mayor importancia, en el arte no podía haber pasión ni sentimientos, no tenía alma, y si hoy en día la encontramos en compositores de siglos anteriores como Mozart es por un efecto óptico heredado, el público de la época solo veía cierta elegancia o una cierta intensidad a la que no sabían dar nombre. Asimismo, hasta la llegada de Beethoven, fuente espiritual del romanticismo, los artistas no pasaban de ser artesanos al servicio de la corte con la misma importancia que un camarero o un jardinero. El alma, podríamos decir, fue el instrumento de la nueva clase social , la burguesía, para auto justificarse.
Pero casi un siglo después ese alma y esa espiritualidad provocaron muchos problemas o, al menos, fueron causa directa de muchos de ellos. Al crecer la burguesía y llegar esa forma de cultura espiritual al pueblo llano surgió el problema de que mucha gente no podía ( o no quería esforzarse lo suficiente) llegar a esa supuesta “nobleza del alma” pero querían conseguirla a toda costa y todo esto degeneró hacia la perspectiva mucho más cómoda, y peligrosa, de la espiritualidad colectiva, general: la idea de nación e, incluso, de raza. Y a principios del S.XX ya estaba preparada la bomba, el pueblo podía ser manejado por unos cuantos como antes lo manejaba la iglesia católica.
Casi nadie pareció darse cuenta de ello de una forma consciente salvo los vanguardistas que trataron desesperadamente de acabar con todos estos sentimientos elevados a las puertas del desastre y crear un contra movimiento que se enfrentara a la terrible evolución del romanticismo. Fue el último intento de salvar el alma llevándola de nuevo a una inocencia hacía tiempo perdida. Pero por desgracia ya era demasiado tarde, el levantamiento militar que dio lugar a nuestra guerra civil tiró por tierra todos estos sueño vanguardistas españoles y la posterior II Guerra Mundial los sueños del resto del mundo.
Alma producida.
Actualmente somos producto de todo esto. Por un lado del miedo al alma, y a una cultura, llamémosla “elevada”, a la que, consciente o inconscientemente, echamos la culpa de todos los desastres recientes, y por otro de la desesperante necesidad de poseer una. Por eso hoy en día se nos venden almas prefabricadas; no peligrosas, muertas antes de nacer. El arte actual, si se le puede llamar así, es masivo, facilón, espectacular, aparente, primando lo accesorio y superficial sobre lo profundo. No requiere ningún tipo de esfuerzo para ser digerido por el pueblo. Niega la evolución y la profundidad, no se mueve hacia delante y busca desesperadamente la diferencia, casi lo anecdótico, como único valor, luego se mueve lateralmente sin avanzar nunca ni profundizar. Sentimentalismo en lugar de sentimiento, emotividad en lugar de emoción, forma en lugar de fondo, ardor en lugar de fuego. La filosofía que nos venden y que causa furor es un refrito cómodo de todas las filosofías cómodas; un poco de religión politeista por aquí, un poco de amor cristiano por allá, una pizca de buen rollo budista, un toque de amor libre hippie para poder divertirse sin remordimientos, una gota de “carpe diem”, grandes dosis de populismo barato, egoísmo posmoderno, refrito superficial de todos los refritos que al final solamente vale para acrecentar nuestra soledad y desamparo y hacernos comprar el último gadget de Apple como quien reza a Steve Jobs delante de un altar.
El arte es consumido por personas que quieren tener alma a toda costa pero que no quieren esforzarse y que en algún sitio de su memoria colectiva tienen el secreto temor de que si profundizaran algo terrible pasaría, sin darse cuenta que lo único que están haciendo es, una vez más, poner más fácil aún si cabe el manejarlos a quien quiera hacerlo. Antes se manejaba a la “masa”, ahora se maneja al “consumidor”, al “individuo embelesado”, al final son lo mismo.
Matar el alma individual y sustituirla por una colectiva y superficial, eso es lo que quieren los dictadores del S.XXI; las empresas y los bancos.
Futuro utópico
Hay que darse cuenta de todo esto, no podemos no tener alma (ya no sabemos) y el arte sin ella no es arte, pero tampoco podemos, por comodidad o miedo, dejar que nos las suministren en serie pues estaríamos vendiéndola a muy bajo precio.
Ahí donde hay alma, hoy en día, hay empresas deseosas de hacerse con ella, pues el alma produce pasiones y si por pasión hemos llegado a dejarnos la vida cómo no vamos a dejarnos mucho dinero sin pensarlo.
El sueño de Shonberg, músico vanguardista, en tiempo de guerra era que llegara un día en el que el cartero paseara tranquilamente silbando la música dodecafónica que él había inventado. Este sueño se ha hecho realidad sólo en parte, el cartero pasea, no es nazi y está tranquilo, pero silba la canción de una conocida marca de telefonía. Algo hemos hecho, una vez más, mal.
Pero hay una luz al final del túnel. Recapacitemos. Algunos nuevos artistas, o al menos los más interesantes, saben que el alma es maravillosa siempre y cuando no sea manejada para favorecer intereses personales o corporativos, lo peligroso es lo que nos venden como tal, el circo romano, el ejército, el anzuelo para pescarnos.
El alma es un grupo de gente que se pone a componer canciones, o a escribir, o a pintar, a vivir, sin esperar la fama fácil, sin miedo al rechazo social, sin esperar el dinero inmediato, sin hacer concesiones, haciendo algo profundo y sincero, al menos para ellos, sin venderse al diablo y llegando a su público, los que son como ellos.
Estamos a tiempo de salvar algo del incendio, aprendamos del pasado, elijamos, como los vanguardistas, qué salvar y pongámonos a ello.
