Malaparte, la piel del perro.

 

En todas las bodas quería ser la novia: en todos los entierros, el difunto”

Leo Longanesi hablando de Malaparte.

 

Pertenece el italiano Curzio Malaparte a esa raza de escritores y artistas surgidos durante la primera mitad del s.XX, antes de la dictadura de lo políticamente correcto, que resultan apasionantes tanto por sus aciertos como por sus errores; esos creadores que no supeditaban su libertad personal y talento a nada ni a nadie y apostaron fuerte. Pienso en casos llamativos como el del escritor noruego Hamsun, desposeído de su fama, honores y bienes por haber apoyado al régimen nazi en contra de los anglosajones. Pienso en Celine, declarado en su país “desgracia nacional”. Pienso en tantos escritores vanguardistas que se sintieron atraídos, como millones de ciudadanos, por el, de aquella, moderno fascismo y que tuvieron la mala fortuna, al menos en términos históricos, de escoger el bando que estaba destinado a perder la guerra contra el tiempo. Incluso pienso en casos más sangrantes aún; escritores como los geniales Wenceslao Fernández Flórez, Jardiel Poncela o el mismísimo Ramón Gomez de la Serna, a los que no se les termina de perdonar que no tomaran parte por ninguno de los bandos y se limitaran a ser fieles a su arte, sin importar quién fuera el titiritero de turno. Autores castigados por esta historia que aún están escribiendo los vencedores y olvidados por los que necesitan mártires para alimentar el fuego de esa revolución que tanto anhelan. Escritores apátridas, pues su país hace tiempo que ha desaparecido, y que, desde hace unos años, algunas editoriales valientes tratan de rescatar del olvido. Y entre ellos Malaparte -tan odiado por muchos, un personaje tan difícil de clasificar, ególatra, fanfarrón y mentiroso, político fracasado, escritor de tremendo éxito en su momento y luego olvidado, que fue republicano, anarquista, fascista y comunista para, al final, no ser nada de ello, o quizás “malapartista”, que apoyó a Mussolini para después renegar de él, que afirmaba identificarse más con los perros que con los hombres, un ser tan orgulloso, un prosista tan arrebatado e intenso, un pensador más intuitivo que exacto, ansioso de fama y éxito, precursor del marketing que después utilizaron muchos artistas-, el cual continúa siendo uno de los más difíciles de rescatar de este olvido, pues, si bien como escritor es, en mi opinión, uno de los mejores del s. XX, no interesa a los poderosos ni se puede hacer una bandera con su vida, ya que aún sigue planteando demasiadas preguntas incómodas cuya única respuesta sólo puede ser ésta: total y absoluta libertad, para bien y para mal, siempre.

Curzio Malaparte nació en 1898 en Prato como Kurt Erich Sukert. Hijo de un empresario textil alemán del que renegaría toda su vida, como renegó de su rama familiar alemana, ya desde los 12 años se interesa por lo que serían las tres pasiones de su vida; la literatura, la política y él mismo. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, a los 17 años, se fuga de casa y se alista en ejército francés, donde obtiene varias condecoraciones al valor, una lesión pulmonar por las bombas de gas y una fuerte admiración por la voluntad de poder. Ya de vuelta en Italia, se alista en el partido fascista de Mussolini. Comienza así su carrera política y literaria con numerosas publicaciones -destacando en 1921 la revuelta de los santos y en 1931 Técnicas de golpe de estado-, llegando a ser uno de los chicos mimados del régimen fascista, al que defiende y promueve con incendiarios escritos en la prensa nacional y extranjera, y que le recompensa dándole, aparte de alguna función aún no clara en el cuerpo diplomático que le permite viajar por toda Europa, el puesto de editor del importante periódico La Stampa, profesión en la que se emplea con pasión, fundando incluso su propio periódico, durante esta década. Desarrolla también en esta época uno de los rasgos más característicos de su personalidad: el no poder, ni querer, callarse la boca, como un perro que se niega a que su amo le ponga el bozal, hasta el punto de granjearse terribles enemigos – entre ellos el mismo Hitler e, incluso, Trotski- que pusieron fin a su aspiraciones políticas en 1933, cuando Mussolini, cansado de sus provocaciones, lo destierra a la isla de Lipari. Tras esto, continuarán sus ataques a su en otro momento amado líder y sus estancias en la cárcel, hasta que Italia es liberada por los aliados. Aún así, esta animadversión no es tan terrible como él mismo se encargó de hacer creer, pues con el estallido de la Segunda Guerra Mundial es enviado a cubrir la guerra en Rusia como corresponsal para el Corriere della Sera, y sus artículos desde el frente ucraniano son recopilados en 1943 y publicados bajo el título Il Volga nasce in Europa (El Volga nace en Europa).

Tras la guerra, emplea todas sus fuerzas en desligarse del partido fascista, del que efectivamente fue expulsado en el momento de su destierro a Lipari, y publica sus dos libros más famosos, Kaputt (1944) y La pelle (La piel, 1949), en los que narra sus experiencias en la guerra, que serían todo un best-seller mundial y le granjearían una fama como escritor tan merecida como polémica e incómoda para muchos.

Son probablemente estos tres últimos libros lo mejor que escribió, la cumbre de su carrera y también, por eso, los más atacados por sus detractores, pues están llenos de inexactitudes con respecto a su vida, la cual no tiene ningún problema en alterar. Pero no es una mentira como tal y jamás lo admitió, ya que hacerlo así, admitir la posibilidad de engañar, conllevaría aceptar la posibilidad de que existiera lo real más allá de la representación y la distorsión, cosa que él no creía. Y aquí precisamente -aparte de en una prosa hipnótica, tremendamente poética y profunda, que oscila entre la crueldad, la mayor de empatía y la ternura- radica lo mejor de su literatura. Ya que, al contrario que otros buenos alumnos que vivieron la guerra, como Hemingway, Aragon, Cocteau o Morand, y que tomaron buena nota del momento desde la retaguardia (o desde el hotel Ritz), pero que se limitaron a presentar los hechos, la Historia, como algo inevitable a lo que sus personajes, insignificante héroes sobrepasados, se tenían que adaptar (como si fuera el Destino griego, y no los hombres, el responsable), de un modo que no ofendían a nadie, removiendo la superficie del estanque pero dejando tranquilo el fondo, Malaparte, una vez más, se erigió orgulloso como la voz necesaria para agitar las conciencias, ampliar la visión que de este conflicto nos querían dar y advertir sobre los caminos que podría seguir, de un modo casi visionario, como el paseante solitario que se alza sobre el ruido del presente y desde la cumbre puede ver el horizonte.

Aventurero incansable del espíritu, en la última estapa de su vida, se interesó por el teatro y el cine, llegando a dirigir una película, El Cristo Prohibido (1950), premiada en el Festival de Cine de Berlín, e incluso coqueteó con el comunismo, siendo invitado por el mismísimo Mao a viajar a China. Viaje del que tuvo que regresar inesperadamente al serle detectado un cáncer de pulmón provocado por los gases inhalados durante la primera de sus muchas batallas y del que moriría en 1957 a la edad de 59 años. Aún así, hasta el último día, siguió desarrollando su personaje y su vida, convencido de que no se moriría -estaba planeando dar la vuelta a EEUU en bicicleta patrocinado por, nada más y nada menos que, CocaCola-. Seguro de que aún podría seguir siendo por mucho tiempo un perro libre dueño de su vida y, aunque parezca lo contrario, con una coherencia interna difícilmente igualada por otro artista. Una coherencia para con sí mismo, para el Arte, para con el individuo que somos todos, contra la masa en que nos quieren convertir.

Dejemos que el propio Malaparte, siempre sin bozal, se lo explique a quien quiera atender: “Esa es la bandera de nuestra patria, de nuestra verdadera patria. Una bandera de piel humana”.

(Publicado en la Revista Quimera en Julio de 2013)

malapartemáscara

Anexo. Obras de Curcio Malaparte, en italiano y traducidas al español.

Italia barbara, Turín, Gobetti, 1925.

En torno al casticismo de Italia, trad. Ernesto Jiménez Caballero, Madrid, Tip. Caro Raggio, 1929.

Sodoma e Gomorra, Milán, Treves, 1931.

Sodoma y Gomorra, trad. Eduardo Bittini, Barcelona, Luis de Caralt, 1957 [reeditado en Barcelona, Backlist, 2008].

Téchnique du coup d’état, París, Grasset, 1931 [1.ª ed. en italiano: Tecnica del colpo di stato, Milán, Bompiani, 1948].

Técnica del golpe de estado, trad. Julio Gómez de la Serna, Madrid, Ulises, 1931.

Técnicas del golpe de estado, trad. Vítora Guevara, Barcelona, Backlist, 2009.

Fughe in prigione, Florencia, Vallecchi, 1936.

Evasiones en la cárcel, trad. Manuel Bosch Barrett, Barcelona, José Janés, 1958.

Sangue, Florencia, Vallecchi, 1937.

Sangre, trad. Manuel Bosch Barrett, Barcelona, José Janés, 1958.

Donna come me, Milán, Mondadori, 1940.

Mujer como yo, trad. Dionisio Ridruejo, Madrid, Guadarrama, 1958.

Il Volga nasce in Europa, Milán, Bompiani, 1943.

El Volga nace en Europa, trad. Jesús López Pacheco, Barcelona, Luis de Caralt, 1961.

Kaputt, Nápoles, Casella, 1944.

Kaputt, trad. R. Coll Robert, Barcelona, José Janés, 1947.

Kaputt, trad. David Paradela López, Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2009.

Don Camaleo, Florencia, Vallecchi, 1946.

Don Camaleón, trad. Maria Bages, Barcelona, Plaza & Janés, 1952.

La pelle, Milán, Aria d’Italia, 1949.

La piel, trad. Manuel Bosch Barrett, Barcelona, Plaza & Janés, 1963.

La piel, trad. David Paradela López, Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2010.

Storia di domani, Roma, Aria d’Italia, 1949.

Historia de mañana, trad. Fernando Barangó-Solís, Barcelona, Plaza & Janés, 1949.

Anche le donne hanno perso la guerra, Bolonia, Cappelli, 1954.

También las mujeres perdieron la guerra, trad. Adolfo Lozano, Madrid, Alfil, 1963.

Maledetti toscani, Florencia, Vallecchi, 1956.

Malditos toscanos, trad. Manuel Bosch Barrett, Barcelona, Plaza & Janés, 1959.

Batibecco: 1953-1957, Milán, Palazzi, 1957.

Picotazos, trad. Jesús López Pacheco, Barcelona, Luis de Caralt, 1960.

Mamma marcia, Florencia, Vallecchi, 1959.

Mama marchita, trad. José Vidal, Barcelona, Plaza & Janés, 1960.

L’inglese in paradiso, Florencia, Vallecchi, 1960.

El inglés en el paraíso, trad. Domingo Pruna, Barcelona, Barcelona, Plaza & Janés, 1961.

Diario di uno straniero a Parigi, Florencia, Vallecchi, 1966.

Diario de un extranjero en París, trad. Francisco José Alcántara, Barcelona, Plaza & Janés, 1967.

Il compagno di viaggio, en Malaparte [obras completas], XII, Florencia, Ponte alle Grazie, 1996 y Prospettive Libri, n. 10, octubre de 1981.

El compañero de viaje, trad, Paula Caballero, Málaga, Alfama, 2010.

Muss, en Malaparte [obras completas], XI, Florencia, Ponte alle Grazie, 1996.

Muss. El gran imbécil, trad. Juan Ramón Azaola, Barcelona, Sexto Piso, 2013.

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